viernes, 19 de marzo de 2010

Todos los gatos son insomnes

Cualquiera que me conozca un poco sabe que soy un ave nocturna (casi como un búho pero con gafas de pasta). Me parece que todo adquiere un nuevo significado cuando la haces por la noche, cuando lo ves a oscuras. No es lo mismo, por ejemplo, dar un paseo de día que hacerlo de noche.

Pero las últimas veces que he conducido de noche por la ciudad, me he fijado en los gatos. No es que haya visto más de lo normal, sino que me he parado a observarlos.

Nunca he sentido un cariño especial por estos felinos (incluso les tengo alergia), pero de un tiempo a esta parte algo ha cambiado. Ese algo, por supuesto, es Haruki Muarkami. Desde que abrí el primero de sus libros, descubrí que no podría volver a mirar a los gatos igual que antes. De hecho, cada vez que veo uno suelo susurrar "Maldito Murakami", con todo el cariño del mundo.

Volviendo al tema, últimamente me he fijado en las miradas de los gatos que veo por la noche. Lo he hecho y he descubierto que yo soy el intruso. Yo soy el que está fuera de lugar en la escena.

Lo cierto es que el día nos pertenece. Con nuestras prisas, vamos pisoteamos las aceras arriba y abajo, seguros de nuestro dominio. Sin embargo, cuando cae el sol, las calles se vacían y son ellos los que, en silencio, vagan de sombra en sombra.

Y, con una sensación extraña en el cuerpo, pienso en Murakami. El semáforo se pone en verde y yo me apresuro en meter primera y seguir conduciendo en busca de un lugar al que sí pertenezca.

Así que no sé si todos los gatos serán pardos, más bien parece que sean insomnes...

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