domingo, 21 de marzo de 2010

El encanto de lo analógico

Mientras intento encontrar nuevas formas de combatir la alergia (tomarse las pastillas ha demostrado ser un buen método), escucho Love of lesbian y trato de dormir.

Sin embargo, por detrás de las notas del genial grupo catalán, se deja oír también el tic-tac constante del reloj. La cosa es que hace poco que he recuperado la costumbre de llevar reloj y no recordaba este tipo de cosas. El del móvil no hace ruido, pienso.

Es entonces cuando me doy cuenta de que en realidad no me molesta. Y eso me lleva a pensar en el apagón analógico. Pero no únicamente al reciente adiós a la televisión analógica que hemos sufrido en España (Bienvenido Mr. TDT). Miro a mi alrededor y ya no quedan trastos analógicos.

Walkman de cinta, vídeo VHS (no hablemos del beta), telefonía fija, televisión, hasta las bombillas empiezan a ser sustituidas por lámparas LED...

¡Y no es que esté mal! Bien contento que estoy con el iPod, el .avi, el teléfono móvil, Digital+ y el ahorro del LED me cuentan entre sus fans. Pero no puedo evitar pensar en lo que perdemos.

Dentro de poco diremos adiós a los paisajes de antenas de las ciudades (¿dónde se posarán ahora las palomas en los atardeceres?) y ya no tendremos que sintonizar la tele manualmente, memorizando los canales uno por uno. ¿Qué haremos con la cinta adhesiva que no peguemos en nuestras cintas VHS, la usaremos únicamente para envolver los regalos?

Las ventajas digitales son evidentes. Pero con el adiós analógico perdemos el encanto. En parte porque lo analógico es más sensible al paso del tiempo, y eso le da un sabor especial.

No todo está perdido, sin embargo. La polaroid, muerta y enterrada, ha resucitado y volverá a comercializarse (y con ella los carretes).

Y aquí, para terminar, la canción que escuchaba. Aunque no viene con el tic-tac, confío en la imaginación de cada uno...

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