En el tiempo que va desde que me despierto hasta que tomo conciencia del nuevo día, hay un momento en que me planteo si lo que recuerdo se corresponde con la realidad o fue tan solo un sueño.
Discusiones justo antes de dormir, mensajes en mitad de la noche, anécdotas de una salida nocturna... más a menudo de lo que me gustaría, me levanto y pienso ¿lo soñé?.
Sin abrir los ojos, pienso en el contexto. Le busco la lógica a la situación, tratando de establecer si pudo ocurrir. Sin atreverme a mirar el móvil, a ver si estoy solo en la cama o si la pantalla del móvil, efectivamente, está rota.
Al final, sin embargo, hay que abrir los ojos y vivir con lo que ha pasado (o no).


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